Tras el mazazo propinado por los lituanos con una actuación que rozó la perfección, Argentina se relamió las heridas y volvió a erguir la cabeza para intentar la despedida más honorable posible del Mundial, acorde a la grandísima reputación que comenzó a labrar con la aparición de la fantástica Generación Dorada. El mismo equipo que nos conmovió tantas veces con la heroicidad de sus triunfos, que regaló alegrías y emociones, que en los últimos dos Mundiales y dos Juegos Olímpicos no bajó del cuarto puesto, no luchará por medallas. Mañana intentará cerrar el torneo con la dignidad que identifica a los grandes de verdad.